El Karma del medio campo jugó en contra. También las emociones del diez. Era un riesgo. Deja una camada de jugadores jóvenes, talentosos y el desafío de encontrar los que faltan por afuera.
Por Juan Domingo Silva
El fútbol argentino llegó y se fue con el karma del medio campo, el de los volantes y marcadores por afuera con las exigencias del fútbol moderno de jugadores de toda la cancha llegadas las circunstancias del juego. Quizás porque apostó a que los volantes Rodríguez y Di María y el mismo Jonás Gutierrez, le dieran lo que no le podían dar porque simplemente algunas características no poseían: marca, recuperación, ida y vuelta, dos perfiles, pausa, cambio de ritmo. Ni hablar de los marcadores laterales en cuanto a exigencias de juego, salida, velocidad, proyección y recuperación. Clemente Rodríguez sin ser un mago con la pelota, era lo más aproximado que tenía. Atrapados por sus palabras, el técnico no le dio lugar. Curiosamente, Maxi Rodríguez y Di María, que no reunían las condiciones, terminaron siendo dos ejemplos claros cuando en una de potrero los rotaron de bandas. Con el perfil cambiado los marcadores alemanes se desconcertaron. No los podían tomar. Pero como no tenían perfil, se tenían que frenar y cuando lo hacían, la defensa alemana se volvía a acomodar por lo que todo el esfuerzo técnico y físico previo de Argentina, se diluía. Si esto no lo alcanzamos a entender, pese a tener excelentes jugadores, nunca llegaremos a tener una Gran Selección. Mucho menos un gran equipo.






